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ENTRENANDO NUESTRA MENTE PARA SER RESILIENTE




Una y otra vez, y cada vez con más fuerza escuchamos hablar de resiliencia, esa capacidad que tenemos los seres humanos para sobreponernos a las adversidades. Y adversidades, todos tenemos, más grandes o más pequeñas, pero el tamaño de ellas no es lo importante, sino la determinación con la cual las enfrentemos y no solo eso, sino que obtengamos de ellas, un aprendizaje, un nuevo conocimiento, que nos permita crecer a partir de ellas.

Digamos que cada una de estas experiencias, es como un aparato dentro del gimnasio, y cada uno de ellos te hace fortalecer uno o varios grupos de músculos; así, algunas adversidades nos llevan a la necesidad de tolerar mejor la frustración y desarrollar la paciencia, como cuando tienes un proyecto estancado, que no avanza, no porque tu no lo desees, sino porque también en ocasiones dependemos de las circunstancias o el esfuerzo de otros.


Otro tipo de adversidades nos llevan a enfrentar nuestros miedos y nuestro sentimiento de valía, nuestra autoestima, pues algunas de estas experiencias nos hacen eventualmente dudar si somos capaces de tal o cual cosa y nos llevan a descubrir talentos y capacidades insospechadas. Así, el tímido descubre un día que es capaz de hablar ante un público numeroso y se da cuenta además de que si cuenta algunas bromas, la presentación habrá sido un éxito. Miedo? Nerviosismo? Por supuesto que existen, pero la persona resiliente aprende a manejarlos en la práctica.


Un tercer grupo de aparatos, o de adversidades, nos lleva a darnos cuenta de que no somos responsables de los demás, así como los demás no son responsables de nosotros, de nuestros actos. Es decir, que no podemos culpar a nadie de nuestras experiencias, así como tampoco podemos sentirnos culpables de algo que le ha sucedido a un tercero. La responsabilidad personal es un tema crítico en el camino a la resiliencia.

Abandona ya el echarle la culpa a alguien más de tus adversidades!



Y para que ir a ese gimnasio con aparatos todos los días?

Todos los días enfrentamos menores o mayores adversidades: el tráfico, un accidente automovilístico que nos impide llegar a nuestro destino, gente malhumorada, delincuencia, violencia, trámites lentos y complicados, malestares, enfermedades, pérdidas económicas y personales, todo ello seguido de un  largo etcétera. Evitar estas situaciones, no saliendo de nuestras casas, no teniendo relación con otras personas, o no intentando ningún proyecto por temor a fracasar, no nos hace más resilientes. Por el contrario, evitar las adversidades nos hace más temerosos, inseguros y disminuye nuestra autoestima y propósito en la vida.

Las personas resilientes asumen los retos que les toca vivir, y los miran con optimismo, con esperanza y responsablemente. Y si bien algunos consideran que el éxito no está relacionado con la resiliencia, en sentido opuesto se observa que la capacidad para enfrentar las adversidades es un requisito para conseguir lo que nos proponemos.

Resiliencia no significa ser duro, ni permanecer estoico en medio de la tempestad, ni ganar todas las batallas, significa, enfrentar tales situaciones de manera optimista, consciente y responsable, así como reconociendo también nuestras limitaciones.

Como diría aquel viejo anuncio: Si las cosas que valen la pena fueran fáciles, cualquiera las haría.

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Imagenes: freedigitalphotos.net


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