10 libros que todo psicólogo debe leer

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La Psicología es un campo en constante evolución, de ahí la importancia de quienes nos dedicamos a esta profesión estemos en permanente actualización. Una de las formas de lograrlo, además del entrenamiento, es la lectura. 

Gracias a los avances tecnológicos, hoy podemos acceder a una cantidad ilimitada de libros y otros materiales incluso en la red. Aunque personalmente prefiero los libros impresos, los electrónicos, tienen además la ventaja de ser más económicos.

Por otro lado, la globalización nos obliga a leer no solo en nuestro idioma nativo, sino también en otros idiomas. Aunque existe un número importante de libros traducidos al español, leer en inglés y otros idiomas es una asignatura obligada.

Con base en estas ideas, he elaborado esta lista de libros que forman parte de mi biblioteca. Aunque no son tan nuevos la mayor parte de ellos, considero son una buena recomendación si no los has leído. Espero que sean de tu interés: 


1. The Brain that changes itself, Norman Doidge

Este fasc…

EL ESTRES Y EL APRENDIZAJE




Para quienes son padres, el regreso a clases de millones de estudiantes de educación básica supone un alivio, pues para muchos de ellos el tener a los “chicos” de vacaciones significa materialmente “no saber que hacer con ellos”, particularmente los más pequeños a quienes hay que mantener “entretenidos” y “en paz” (muchas mamás registran considerables grados de estrés al tratar de mantener tranquilos a sus hijos) optando muchos de ellos por inscribirlos a un curso de verano “para que aprendan algo nuevo”. Para las mamás que trabajan, esta opción se vuelve una necesidad. 

Lo que pareciera ser el fin de los “problemas”, en realidad resulta ser el principio, pues con el regreso a clases, el tráfico en la ciudad se incrementa exponencialmente (te recomendamos leer en este blog Si está estresado no maneje-12 recomendaciones para sobrevivir en medio del tráfico), al menos en las primeras semanas el volver al horario y a la rutina resulta sumamente complicado para los papas que les daban “chance” a sus hijos de dormir más tarde, además de las actividades vespertinas, las tareas, los gastos escolares, etc. Todo ello, sumado a la dinámica escolar que como todos sabemos, se ve agravada por la situación del magisterio en las escuelas públicas, el síndrome de Burnout que muchos de ellos padecen y tanto en éstas como en las privadas, dos fenómenos que en los últimos años han llamado la atención y sobre los cuales hoy día se realizan importantes esfuerzos: el fenómeno de la violencia o acoso escolar, mejor conocido como bullying, y por otra parte, el consumo y dependencia de sustancias, las adicciones.

Y más aún: el regreso a clases para miles de niños sobrediagnosticados con “déficit de atención” (te recomendamos leer en este blog Tu hijo tiene déficit de atención?) supondrá además un reto difícil, pues además de tener (o no) dicho “déficit”, muchos de estos niños sufrirán a lo largo de su vida el poseer esta etiqueta, minando su autoestima y su aprendizaje.

El aprendizaje, el tema en esta ocasión, resulta pues una tarea complicada en medio de este escenario que hemos descrito. Creer que el aprendizaje se desarrolla “normalmente” a pesar de las circunstancias, resulta un engaño y una omisión. Los niños hoy día sufren también importantes grados de estrés, situación que en muchas ocasiones tiende a ser minimizada por los padres que dirán a sus hijos “Tu problemas?? Problemas yo!! Que tengo que…” o que sencillamente no tendrán tiempo para escuchar a sus hijos. Tales niños o adolescentes tendrán que desarrollar ciertas habilidades para sobrevivir en un medio, ciertamente difícil.

Cual es la preocupación entonces? Si tales circunstancias harán que nuestros hijos se hagan “fuertes”, capaces de enfrentar las adversidades? Pues que para muchos de ellos, el desarrollo de habilidades como la confianza, la autonomía y la autoestima, no será algo tan simple. Considerando además que como se ha demostrado, el estrés, particularmente de tipo crónico, reduce las áreas del cerebro que tienen que ver con la atención y la memoria – procesos indispensables para el aprendizaje -, debilitando además los telómeros y la conexión entre neuronas, mejor conocida como sinapsis, entre otras situaciones, la capacidad de aprendizaje de estos niños, adolescentes, pero también universitarios y personas adultas (en las que además se requiere un esfuerzo adicional y constante para conservar en buen estado el funcionamiento de nuestro cerebro) se verá limitada.

Qué podemos hacer?

Si bien todo lo anteriormente descrito puede ser alarmante, existen por supuesto elementos al alcance de tu mano que puedes empezar a utilizar:

1.     Date a ti y a tus hijos tiempo para adaptarse a la rutina. Los niños más pequeños requerirán generalmente mayor tiempo para lograrlo. Se paciente y tolerante.
2.     Si es su primera vez en el colegio, la angustia de separación puede también requerir de tiempo para superarlo. Te sorprendería saber que muchas mamás se angustian más que los propios hijos cuando los dejan en la escuela?
3.     Mantén comunicación con la escuela y maestros. Si trabajas, el suscribirte a la página del colegio y darte de alta en la lista de correos te mantendrá informada de los sucesos generales. La mayoría de las escuelas tienen horarios para atender a los padres, obtén una cita, aclara dudas y crea una relación positiva con los maestros de tus hijos. Los maestros, además de serlo, son seres humanos como tú.
4.     Si cambiaste a tus hijos de escuela en este ciclo escolar, es importante que tanto tus hijos como tu se familiaricen con las reglas y puedan hacer nuevas amistades. En la medida en que tus hijos lo logren, el nuevo ambiente les será menos amenazante.
5.     Al menos las primeras dos semanas suspende las clases vespertinas.
6.     Provee a tus hijos de un espacio cómodo y tranquilo para hacer sus deberes escolares. Sea que tu estés presente, o sea otra persona, no prendan la televisión, y recuerda: la tarea es del niño, no tuya (o de la persona a cargo de su cuidado).
7.     Procura si trabajas, hablar con ellos durante el trayecto a la escuela, a la hora de la comida y en todo momento posible. No te limites a hacer preguntas sobre si cumplió o no con su tarea, interésate más en saber cómo se siente, que observa, y que sucede alrededor de él o ella.
8.     Habla con tus hijos respecto a la utilidad de lo que están aprendiendo en ese momento. El aprendizaje significativo ocurre cuando al educando le hace sentido “eso” que está aprendiendo en su vida diaria.
9.     Prepara o pide a quien te ayude prepararles un lunch nutritivo. La comida chatarra, no solo contribuye a la obesidad, sino también afecta su rendimiento intelectual.
10. Aunque quieras “disfrutarlos” por la noche porque trabajaste todo el día, dormir suficientes horas favorece también su capacidad de aprendizaje. Los niños pequeños deben dormir 10-11 horas y los más grandes 8-9 horas.

Y por supuesto, técnicas de relajación como la respiración diafragmática y la relajación muscular progresiva, así como ejercicios para fortalecer su atención y memoria pueden ser enseñadas a niños y jóvenes para controlar el estrés y mejorar su desempeño en el aula.

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