10 libros que todo psicólogo debe leer

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La Psicología es un campo en constante evolución, de ahí la importancia de quienes nos dedicamos a esta profesión estemos en permanente actualización. Una de las formas de lograrlo, además del entrenamiento, es la lectura. 

Gracias a los avances tecnológicos, hoy podemos acceder a una cantidad ilimitada de libros y otros materiales incluso en la red. Aunque personalmente prefiero los libros impresos, los electrónicos, tienen además la ventaja de ser más económicos.

Por otro lado, la globalización nos obliga a leer no solo en nuestro idioma nativo, sino también en otros idiomas. Aunque existe un número importante de libros traducidos al español, leer en inglés y otros idiomas es una asignatura obligada.

Con base en estas ideas, he elaborado esta lista de libros que forman parte de mi biblioteca. Aunque no son tan nuevos la mayor parte de ellos, considero son una buena recomendación si no los has leído. Espero que sean de tu interés: 


1. The Brain that changes itself, Norman Doidge

Este fasc…

SE PUEDE VIVIR SIN ESTRES?





Para quienes “viven en el estrés”, la promesa o más bien la fantasía de eliminar el estrés de sus vidas resulta por demás tentadora. 

Existe cualquier cantidad de productos y servicios en el mercado que “dicen” acabar con este mal y que logran ciertamente una penetración, debido a que para quienes sufrir estrés no es divertido, resulta el remedio ideal debido a que muy pocos estarán conscientes y se comprometerán a realizar cambios importantes en sus vidas. 

Y es ahí cuando encontramos desde las famosas pelotitas antiestrés, pasando por los llamados “piojitos” (una especie de plumeros de alambre que estimulan las terminaciones nerviosas del cuero cabelludo), los famosos masajes "antiestrés" que si bien alivian la tensión, el efecto dura solamente unas horas, y muchos más, que forman parte de esta “botica” milagrosa.

La realidad es que eliminar el estrés de nuestras vidas no solo es poco realista, e incluso si fuera posible, sería muy peligroso.

Imagínate que eres una espigada zuricata que por accidente cae en un pantano -pues en realidad estos pequeños mamíferos viven en el desierto- , y de pronto te encuentras a un hambriento cocodrilo. La respuesta de no estrés implicaría, quedarte ahí donde estás, sin advertir el peligro que representa estar justo en la panorámica del gran reptil, y ser devorado de un solo bocado.

El estrés, o respuesta de lucha o huída (fight-flight response) como fuera acuñado hace ya varias décadas, es precisamente un mecanismo de supervivencia, un sistema de alerta que nos avisa cuando hay peligro, y el cual nos prepara para enfrentarlo o salir corriendo, acciones que dependen de nuestra percepción: si percibimos que la amenaza es menor, es decir que podemos enfrentarla, la enfrentamos, pero si percibimos que la amenaza es mayor, es decir que no tenemos ninguna posibilidad de salir bien librados, entonces la mejor respuesta es salir corriendo. 

Algunos autores, refieren incluso una tercera posibilidad: quedarse paralizados ante la amenaza, situación en la cual la tensión se acumula y no encuentra salida, además de lo que implica en términos de supervivencia. A esto se le conoce como Freeze Response.

En nuestras pláticas y talleres, solemos preguntar a los participantes: si un animal salvaje entrará por la puerta o la ventana se quedarían donde están? Si advirtieran un tiroteo a unos metros de donde se encuentran se acercarían? O si su pequeño hijo estuviera paseándose sobre la cornisa lo mirarían tranquilos? Invariablemente, la respuesta es huir, o enfrentar el peligro.

La respuesta de estrés, cabe mencionar, no es una respuesta simple, sino por el contrario sumamente compleja y como tal debe ser tratada*, en la que intervienen desde nuestros receptores sensoriales – nuestros sentidos-, nuestro sistema nervioso central y periférico, nuestras glándulas suprarrenales, por mencionar los sistemas básicos, y que tiene enormes implicaciones en el mediano y largo plazo, pues se ha demostrado la conexión que tiene la activación de estos circuitos de manera intermitente o crónica con la aparición y curso de distintas enfermedades o alteraciones del sistema inmune, endocrino, digestivo, cardiovascular y nervioso, por mencionar solo algunos.

Por lo que si bien es un hecho que el estrés puede precipitar, agravar o mantener numerosas enfermedades tales como cefaleas (dolores de cabeza), gastritis, colitis (hoy conocida como intestino irritable), obesidad, resfriados, alergias, y puede además no solo potenciar las adicciones sino incluso en el largo plazo alterar nuestras estructuras cerebrales e información genética (si, aunque parezca increíble), también es una realidad que no es posible vivir sin este sistema de alerta, que en el corto plazo, puede actuar incluso como un potenciador.

El estrés de corto plazo, o EUTRES, es ese tipo de estrés que nos motiva, y que nos proporciona la suficiente energía y dinamismo para actuar es benéfico, pero no así el estrés de largo plazo, el estrés crónico o DISTRES, que equivale a dejar encendido día y noche un automóvil, un televisor o cualquier aparato electrónico. Este es el tipo de estrés que debemos evitar si no queremos ver perjudicada nuestra salud y rendimiento en las diferentes áreas de nuestra vida.

Vivir una vida sin estrés no es posible, pero es importante aprender a desactivar este sistema de alerta cuando no es indispensable, es decir, cuando no se encuentra en peligro nuestra supervivencia.
Así que, a quien te ofrezca acabar con tu estrés, aléjate, y cuéntaselo a quien más confianza le tengas, o visítanos, trabajamos con empresas y personas como tú.



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Imagen: freedigitalphotos.net 

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