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El trauma de la crucifixión

La virgen con el niño, Museo Soumaya

De todas las situaciones que pueden derivar en una experiencia traumática, tales como los desastres naturales, las guerras, y otros que pueden afectar a un colectivo de personas, existen también aquellas que han marcado la historia y cuyo significado nos hace reflexionar a propósito de la Semana Santa que hoy termina. 


La muerte de Jesucristo es uno de sus eventos, cuyo significado es fuente de redención, sacrificio y amor para quienes profesan la religión católica, pero que si lo miramos desde otro ángulo, el de la Psicología, quizá sea también uno de los traumas que a lo largo de la historia han dejado mayor huella. 

Hoy sabemos, que las consecuencias de un evento potencialmente generador de trauma, no son solamente para quienes viven una situación determinada, sino también para quienes son testigos; aquellos que ven, escuchan o conocen del hecho. 

Tal fue el caso de los apóstoles, aquellos que seguían a Jesús, y por supuesto de María, su madre, quienes fueron testigos de como el hijo de Dios, fue llevado como criminal, torturado y expuesto, como el peor de ellos. 

Previamente a ser clavado en la cruz, fue el mismo a quien se le obligó a transportarla, mientras que la multitud le escupía al rostro y le tiraba piedras. Solo contaba con 33 años de edad.

Para María, su madre, su muerte, debió haber causado un impacto brutal; la muerte de un hijo es una de las experiencias más difíciles de sobrellevar. En la actualidad, en las representaciones del viacrucis, el pueblo acompaña a María en su pena. 

Tepoztlán, México


Pero así también, para aquellos que le seguían y creían en su palabra; la muerte de Jesús, tuvo que ser entendida y asimilada.

Y fue por medio de su palabra, y la explicación que dio cada uno de ellos a lo sucedido, los evangelios, que aquellos hombres, buscaron explicarse a sí mismos y explicar a otros lo que había pasado aquel viernes santo. 

Aunque en la actualidad, métodos como el EMDR, entre otros, pueden ayudar a superar las memorias traumáticas, en aquel entonces y hasta hace poco tiempo, sabíamos que hablar de lo sucedido, era una de las formas que podía servir como atenuante de lo vivido. 

When life go to pieces, try quilting

En The Trauma of The Cross, su autor hace referencia a la tradición oral, y a la manera en cómo los relatos sobre la vida y crucifixión de Cristo, se entretejen para dar sentido a todo aquello. Este "tejido social", se asemeja a la actividad que realizan las mujeres la cual les permite conectarse socialmente, intercambiar ideas y compartir sus problemas. 

Tejer colchas es un arte de sanación.  Hoy en entornos anónimos urbanos, los tejedores hacen una conexión, como si a través de la costura se unieran el uno con el otro. Cuando la vida se rompa, trata de hacer colchas.

Pero fue Pedro, uno de los primeros en volver a la actividad después de lo sucedido: "Voy a pescar", una actividad que en el caso de los hombres, sirve a estos de igual manera, para intercambiar ideas y conectarse socialmente. De esta forma, por medio de conectarse y hablar entre ellos, fue como pusieron en marcha algunos de sus recursos para lidiar con el trauma. 

Quizá también, otro de los recursos que sin saberlo fue utilizado, fue el de la reestructuración cognitiva, o reconceptualización de lo sucedido, pues a lo largo del tiempo, se dio a la muerte de Jesús un significado distinto: murió por nosotros. Su muerte no ha sido en vano, es sinónimo de su amor hacia nosotros.

Estos y otros mecanismos psicológicos han sido utilizados a lo largo de generaciones para entender aquel hecho, en un intento de formar resiliencia frente a lo sucedido. Recordemos que la fe y la esperanza, son algunos de los factores que contribuyen a ésta, y es por medio de ella, que puede entenderse este pasaje tan importante de la historia.

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